miércoles, 9 de septiembre de 2009

El último galáctico

Bueno, el último, el último, no, pero ya van quedando menos. 

Creo que durante muchos años recordaré este 2009. Ha sido el año de las retiradas forzosas. Empezamos el año con Daudén Ibáñez, lo seguimos con Medina Cantalejo, lo íbamos a terminar con Rodríguez Santiago y, cuando nos preparábamos para una nueva temporada, nos llega la noticia de que también lo deja Carlos Megía Dávila.

Creo que no me equivoco si digo que la temporada 2008/09 va a ser tan negra, arbitralmente hablando, como aquella 1947/48 en la que se retiraron alguno de los mejores árbitros españoles: Escartín Morán, Melcón Bartolomé, Arribas Seijás, González Díaz, Ocaña Nieto... Y al año siguiente, Vilalta Bars. En cuestión de unos meses se retiraron seis de los mejores árbitros de la historia. 

Y ahora esto. Nos quedamos sin Daudén, Medina, Rodríguez, Megía y Mejuto. Pues nada, así sea.

Hoy me toca hablar de Carlos Megía Dávila. Madrileño. Junto con Iturralde González y Mejuto González, este año era el decano de los árbitros de primera división. Esta iba a ser su decimoquinta temporada en primera. Y, si todo se desarrollaba como debiera, esta debería ser su tercera temporada como mejor árbitro para el diario Marca. Si lo había conseguido en las dos anteriores, ¿por qué no una tercera?

Hace dos meses y justo una semana después de saber que para el CTA era uno de los peores árbitros de primera, cumplía 43 años. Y no era internacional. Ya no. Como era muy viejo y a partir de ese año muy malo, el CTA le quitó la escarapela en 2008. Y pasó de estar entre los mejores a estar entre los peores. ¡Y luego dicen que un trozo de tela en el bolsillo izquierdo no es importante!

¿Y quién era Carlos Megía Dávila? Pues, para mí, uno de los mejores de los últimos tiempos. Ya sé que no era tan mediático como otros, ni caía tan bien como algunos, ni sonreía tanto como... Pero era bueno. Fijaos en cómo sería, que en sus buenos días debía de ser el árbitro más odiado por las aficiones de toda España. Y por una buena parte de la prensa. Hasta que se hizo mayor y le empezaron a querer. Sin escarapela, claro.

Debutó en primera en la temporada 95/96 y después de catorce años ha entrado en el club de los bicentenarios: 220 partidos. Otros dirán que 217 o que 221. Ya os he hablado alguna vez de los números. No tuvo la suerte de que le designaran para una final de Copa del Rey, aunque estuvo de cuarto árbitro en la de 2006, en la primera que arbitró Medina Cantalejo.

En segunda división solo estuvo una temporada, la 94/95, donde arbitró 17 partidos, que le fueron suficientes para convencer al CTA de que era carne de primera. Y lo demostró.

En segunda B debutó en la 92/93 y estuvo solo dos temporadas. Eran otros tiempos, sin duda. O eso, o era realmente bueno. 

El 1 de enero de 2003 sustituyó al valenciano Juan Antonio Fernández Marín como colegiado internacional. Y, bueno, consiguió su saquito de partidos. No muchos, es verdad, pero en un país en que todo lo pillan Mejuto, Medina, Undiano e Iturralde, era difícil meter la cabeza. Aun así, arbitró un par de partidos de clasificación para Champions, un par de partidos de clasificación para un Mundial o una Eurocopa, algún intertoto y, en su gran competición, hasta diez partidos de la Uefa. Todo lo que le dejaron, vaya. Por suerte, en su casa sigue habiendo una escarapela. Buenos consejos podrá darle.

Y para terminar, alguna historia personal. Según pensaba esta mañana sobre Megía, llegué a la conclusión de que a lo mejor llegué a verle pitar y todo. Y para alguien como yo que no va nunca al fútbol, no es mala cosa. El caso es que durante unos años, de estudiante de instituto, me dio por ir al fútbol con unos amigos. Y ahí nos plantábamos en un campo de tercera división madrileña a ver qué pasaba con nuestro equipo. Y por allí corrían esos de negro. Gente como Nevado Galavís, Linacero del Castillo... Y Megía Dávila. ¿Era Carlos? Pues no estoy seguro. Porque si no era Carlos, era Pablo. Ahora, con esa mala idea que tienen los recuerdos, me parece recordar que en tercera estaba Pablo Megía y que un año llegó por detrás Carlos Megía. Y que acabó pasándole por la derecha y ascendiendo a segunda B, mientras su hermano seguía en tercera. O a lo mejor no era Pablo y era algún otro hermano, porque desde que el patriarca de la familia se hizo árbitro, el escudo del CTA se convirtió en el escudo oficial de la familia Megía. También me parece haber leído en algún sitio que el último partido como árbitro del patriarca le ayudaron en las bandas sus hijos. Tuvo que ser algo increíble para el buen hombre.

En fin, que ya he hablado de otro de los grandes. Que se va. Y dentro de un rato ya contaré a dónde, por qué y qué me parece, que no me apetece enturbiar una "necrológica" como esta con cuentos terrenales. Y, además, qué supondrá su retirada en la lista de colegiados de primera. Y de segunda, y de segunda B... Pero eso, en otro rato. Hasta luego.


3 comentarios:

gabri dijo...

Muy bien César.
Se va otro de los grandes, y como dices temporada negra para los árbitros (viva la redundancia jeje).
Un saludo César.

Anónimo dijo...

pero al final se va¿ en el as dicen que no, a ver si nos aclaramos

Anónimo dijo...

Yo digo q si!!, le queda muy poco al bueno de megi... Y el sol pasa por delante muy pocas veces.
El Madrid ficha galácticos .
B.