Por primera vez en la corta vida de pitido-inicial, exijo una sanción para un colegiado: en este caso para el lamentable Arturo Daudén Ibáñez, turolense, del comité aragonés, colegiado internacional durante nueve años, buena parte de ellos encuadrado en la máxima categoría del arbitraje europeo, que con su último partido de liga (Real Madrid-Getafe) ha llegado a los 233 partidos, colocándose en tercera posición histórica tras Zariquiegui Izco y Ortiz de Mendíbil.
Y desde aquí le acuso de prevaricación. Ha dictado una resolución injusta, a sabiendas de que lo era. ¿Pues no se le ocurre a este mal árbitro conceder gol del Getafe mientras todo el Madrid estaba en un córner celebrando un gol inexistente? Espero que los servicios jurídicos del Real Madrid tomen cartas en el asunto, porque el asunto es de delito penal. O ilícito penal que también dicen los que saben.
Y por si al bueno de don Arturo le da por demandarme por acusarle de prevaricación, que sepa que como testigo de la defensa llamaré al señor Predraj Mijatovic, director deportivo del Real Madrid, que ayer tras el partido no se explicaba cómo el colegiado aragonés no había parado la jugada de contraataque del Getafe, porque sus chicos estaban despistados.
Voy a tener que creer a los tarados que siguen diciendo que la liga está adulterada por los colegiados. Lo que se vivió ayer en el Bernabéu solo tiene un nombre: estafa.
(...)
Vale, ya me he tomado la medicación. Ahora sigo.
Estoy cansado de oír a esos profesionales del fútbol (jugadores, entrenadores, periodistas, directivos) meterse con los árbitros con la manida expresión "pero si nunca han jugado al fútbol, qué van a saber". Tienen razón: los árbitros nunca han jugado al fútbol. Son unos marcianos que tras quince años sin salir de su casa, un buen día se pasan por el comité correspondiente y tras la compra de un boleto de tómbola les regalan el carné de árbitro. Ya en su primer año de aspirantes, aprenden lo que es un balón. Tras unos años en regional a lo mejor les explican lo que es ese punto gordo de cal en mitad del área (¿a 11 metros? eso ya queda para los de preferente). Los más pelotas, como todos sabemos, llegarán a tercera, y ahí descubrirán que, en realidad, juegan 11 contra 11. De entre todos ellos, los más guapos ascenderán a 2.ª B. A esos se les explicará que esos gordos que corren la banda con un banderín son compañeros suyos y que siempre se equivocan.
Tras comprobar que algunos de ellos saben leer y escribir, al llegar a 2.ª división les regalan un "Reglamento del Fútbol Comentado" de don Pedro Escartín. Aquí ya se pone la cosa difícil. El que quiera ascender a la máxima categoría deberá demostrar que se conoce al dedillo el número de páginas de dicho libro.
Y ahí estamos: tras unos quince o veinte años arbitrando partidos, un tipo llega a la primera división. Y es cuando se da cuenta de que ¡mierda! no he parado la jugada de contraataque del Getafe mientras los jugadores del Madrid están bailando samba en un banderín de córner, porque nunca he jugado al fútbol. Y así le va al fútbol español. Con esa gentuza arbitrando partidos.
Pero para que veais que nunca llueve al gusto de todos, tras el partido un jugador del Getafe se quejó del colegiado porque debería haber amonestado a los siete bailones madridistas por estar en el córner sin tener que estar ahí. Y a este también le doy la razón. Según el artículo 33 del Reglamento de Fútbol, "todos los jugadores estarán colocados en el campo según un diseño táctico previamente establecido por el respectivo entrenador, que habrá dado por escrito al colegiado quince minutos antes del comienzo del partido". Con doble copia y compulsado por el Colegio de Entrenadores.
Y, claro, como los árbitros no han jugado nunca al fútbol, no conocen ese artículo 33. Menos mal que estamos aquí los buenos aficionados y profesionales del fútbol para explicárselo.
Otro día, lo prometo, les contaré a los árbitros lo de en-caso-de-duda-dejar-seguir, que parece que no se enteran. Joder.